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Harto, estoy tan harto.
Del lastimero ego, que en su inmundicia todo lo busca y nada resuelve.
De tener que negociar conmigo una misera sonrisa.
De que el cuerpo arrastre el peso de mi alma.
Harto de ser prisionero de mi mismo y sentir que la vida me hace lo que se le antoja.
Y está nefasta búsqueda por algo mejor, que perpetuo con fé, sin recibir nada a cambio.
Avanzaré por qué es lo único que me queda, pero vaya puta mierda.
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